DISTIMIA

Cuando reflexiono qué he estado haciendo en los últimos meses, los últimos dos años, rectifico en mi bitácora, observo mi larga convivencia con la distimia. Las emociones vuelven con fuerza cuando vuelvo a caer y descubro nuevos matices de adjetivos para mi diccionario. Sé que hay cosas que quiero decir y he tratado de canalizarlo a través de la fotografía, todo recae en lo único que conozco por la experiencia propia. Tengo cerca de diez años sintiéndome mal, aún cuando estuve acompañada, en mis registros clamo por consuelo, pido irme de aquí.

Todo ese remolino de emociones deterioradas y relaciones que siguen su camino propio son mi biblia, a veces maldigo las cosas que me suceden, ‘¿porqué me tuve que enfermar de esto?’ ‘¿porqué no soy productiva como los demás?’ ‘¿aún tengo la capacidad de enamorarme?’ ‘¿porqué me traicionó?…

Estas letanías son usual pero en cuanto las supero y observo de lejos, por más estúpido que suene, me emociono de que hayan pasado, eso me ha dado la capacidad de la autocompasión, así nacen estos delirios de palabras e imágenes en mi cabeza.

Si no me hubieran roto el corazón nunca habría tomado esas fotos en la playa con Grecia, o no habría hecho ese set de plumas después de haberme enamorado fugazmente, no estaría escribiendo esto de no haber sido traicionada. Mi ser que es más aferrado que el agua del mar se empeña en querer buscar una explicación a cualquier conexión que tengo con todo, aunque no la haya, la quiero crear, y así nace mi ‘desarrollo creativo’, no siempre llevo mis ideas a lo visual, intento hacerlo la mayor parte del tiempo pero en ocasiones simplemente concluyo en que me generan paz y eso es todo lo que necesito.

La palabra ‘creatividad’ es solucionar un problema y con la cámara intento resolver algunos problemas existenciales, siempre nacen en una emoción, se desenvuelven en la escritura que poco a poco forman la respuesta. Desde que soy adolescente escribo, primero historias ficticias, tuve mi temporada de ‘escritora de cuentos’, jamás enseñé eso, por ahí debe estar guardado algún cuento que quería imprimir en un cuadernillo. Desde aquella edad me he refugiado en escribir ante cualquier situación, recuerdo cuando tuve mi primer rechazo en mi fiesta de 18 años; el chico que me gustaba simplemente me dijo que me respetaba pero que no le gustaba, el escenario eran mis tres amigas de ese momento, cada una con su pareja en los rincones de la cabaña y yo en la oscuridad sentada sola mientras la bocina sonaba a todo volumen, yo intentaba reprimir las ganas de llorar, era mi cumpleaños y esa emoción nueva fue lo más grande. En cuanto mis amigas se fueron, corrí hacia mi cama llorando y cual película de adolescentes comencé a escribir,

“Bendita penumbra que con sigilos consuelas lo que me mata
Bonito sueño que vienes y te llevarás toda esta carga con pesares
Horrenda verdad, decorosa mirada, bellas sonrisas, torpes disimulos, maldita fe, solemne presencia, adiós forzado, huida plena y libre (…)”

Este rechazo que sentí marcó pauta en aquel entonces, gracias a cómo lo canalicé es que puedo recordarlo con amabilidad. Lo vuelvo a leer y valido a la chamaca que siempre he sido, dramática, terca, melancólica, entregada.

Todo comienza cuando, en una cena que se habla del uno y del otro, existe una creación de miradas, expresión corporal en desarrollo hacia la comodidad en espacio, y es ahí que llega,

“¿Qué tengo que hacer con esto que siento?”

Así inician mis historias, ¿a donde debo llevar lo que estoy sintiendo? ¿porqué estoy sintiendo esto? este amor, este rencor, esta vergüenza, esta irritación, todo esto es mío, aunque tantas veces intento esquivarlas son inevitables, te alcanzan, como la muerte lo hará en algún momento. Este es mi método, después de escribir, investigo palabras de las que necesito una explicación extendida, los últimos días he leído sobre la traición y ha sido interesante entender que se relaciona con el amor. Después de eso, valoro si llevarlo a el lado visual, si existe algún tipo de imagen que se mantenga en mi cabeza o que haya sido admirada en alguna película.

El objetivo es no quedarme con lo que siento, de alguna manera trato de comunicarlo siempre. ‘Estoy jodidamente deprimida y hasta hoy por primera vez he comenzado a sentir plenitud, después de tantos cambios de medicamentos y terapia’.
A veces creía que esto era parte de mi personalidad, la depresión no es un cambio de humor, es una enfermedad que te lleva a la muerte. Uno no va por la vida agradeciendo tener enfermedades y estuve convencida de que estaba condenada por algún motivo mientras la miseria y el fracaso eran mis sueños. Pasaban semanas y lo único que me acompañaba era un inmenso vacío, no sentía emociones, ni tristeza, ni enojo, creí sentirme como un robot.
Me emocionaba llegar al final del día porque así podría dormir sin culpa, podría olvidar algunas cosas y soñar otras que nunca pasarían. En otra mañana desperté y me cubrí la cara con tanto hartazgo de volver a ver esa luz de la ventana y no poder despertar temprano. Medio día perdido.

Aún así, he aceptado vivir aprendiendo a educar a mi hija, no la quería tener pero llegó a mi vida. La acepto cómo es y no por eso voy a permitir que arruine mi vida y haga lo que quiera conmigo. Los momentos en que se sale de control, intento dejarla un rato pero después a su lugar, mi hija, Depresión.

Hace poco leí esto,
”Desear algo que no va a pasar, es estar muerto en vida”

Así, entiendo pues que no puedo deshacerme de mi ‘hija’, porque siempre será ‘mi hija’, tal vez un día se vaya y después quiera regresar, aquí estaré preparada para ese torbellino que es mi ‘hija’.

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