EXILIO
Hace años elegí la fotografía como mi profesión, al principio era un juego de ensueño porque era la cosa más gratificante para mí como un trabajo, tenía 19 y en ese momento no sabía en que me estaba metiendo.
A los 22 hice mi primer taller y resultó ser la primera experiencia cercana a la traición al haber aceptado hacer equipo con otro fotógrafo, este al final no me pagó, se portó de manera indecente y soberbia en nuestro taller, y aunque maldiciendo ese momento fue así como tuve el atrevimiento de continuar impartiendo talleres en solitario, logré conectar con muchas personas al paso del tiempo.
A medida que disparaba nuevas fotos mi visión crecía, aún me cuesta creer que hice un montón de cosas y hoy en día mi distimia me arrastra.
Tal vez la energía de la juventud me recorría, tal vez mi inocencia y pasión eran más grandes para preocuparme por otras cosas que hoy observo con atención. Nunca me cuestionaba las intenciones de las personas al entrar en mi vida, hasta que se iban entendía que algunos sólo venían para tratar de robarme mis tesoros, otras veces el problema era yo.
Hace días vi a uno de mis artistas favoritos <Antonio García Villarán> mencionando esto:
‘Ya que nadie va a contar tu historia, de momento, cuéntala tú’
y estoy con los que apuestan por escribir cualquier cosa de su vida y volverlo poesía.
Después de vivir un tiempo en Querétaro decidí mudarme a Guadalajara, estuve ahí por dos años, fue entonces que un día desperté enferma de mi corazón y mi vida estaba pasando por la crueldad de mis pensamientos, se plantaban y me atormentaban en las noches largas. Me diagnosticaron depresión y ansiedad, recuerdo esa cita y creí que era otra situación, “no sería muy artístico de mi parte” pensé cuando me lo dijo el doctor. Por más que la terquedad que me caracteriza se aferraba a Guadalajara y que deseaba que todo estuviera bien, mi vida ya corría peligro. Acepté la ayuda de rehabilitarme en mi ciudad natal y fue ahí donde tuve esta epifanía.
Así pasé por nueve largos meses, cuestionándome si todo esto lo había planeado en el pasado por algo que dije sin querer, sentía que era una condena que de alguna manera debía pagar así.
Pero si, en algún momento me levanté y una compañía que creía era mi alma gemela para la que estaríamos unidas por todos los tiempos, se había ido. Ese fue el momento en que lo supe, me había usado, se había acercado a mi para saber cómo funcionaba mi proceso creativo, vilmente lo confesó delante de los demás y yo lo había visto como un acto de ‘halago’ pero era algo peor. Se fue en el momento en que enfermé, irónicamente ya no absorbía mis momentos creativos y esa energía que tenía para ir por el mundo con mi cámara desapareció, al estar enferma soy inhabitable y lo único que a veces me hacía sonreír eran momentos banales.
Es difícil lidiar con alguien enfermo y lo que he aprendido al estar cerca de más personas enfermas, es sencillamente caminar a su lado, no tratar de imponer y hoy entiendo que ese tipo de apoyo es exclusivo.
Por las madrugadas sentía a la culpa llenando todas las entidades de mi cabeza.
Alguien me compartió este poema y creo que este periodo de mi vida se resume así:
”Sé que estoy enfermo de un pesado mal, lleno de un agua amarga, de una inclemente fiebre que silba y espanta a quien la escucha. Mis amigos me dejaron, mi loro ha muerto ya, y no puedo evitar que las gentes y los animales huyan al mirar el terrible y negro resplandor que deja mi paso en las calles. He de almorzar solo siempre. Es terrible.” - Bianca Varela
Amigos se fueron, Lucrecia murió, otros robaron mis ideas y yo seguía en el mismo lugar donde me quede, pensaba que siempre serían los colores oscuros los que me dominarían, me resistía al cambio. El ángel de los sueños me acompañó fervientemente vigilando que no saliera de la cama, me tenía en un magnetismo que resultaba duro despegarse, hice un hueco y las sabanas me retenían. La luz de la ventana era fuerte y me condicionaba para no salir, la palpitación del pecho continuaba despampanante, era lo único que se mantenía en movimiento.
Muchas veces intenté encontrar el origen de todo esto, busqué en mis diarios, en fotografías que hice, conversaciones que tuve, nada hasta ahora me ha dado una respuesta concreta, pero acepto lo que es.
Las relaciones que te rompen son las que te orillan a no querer volver a repetir otra relación y aunque aveces me he inclinado hacia el caos, ahora prefiero la tierra firme.
A todo esto me preguntaba, ¿porqué no estudié una carrera normal? tal vez mi vida estaría mejor resuelta, trabajando en una empresa en el puerto, ¿cómo continúo? ¿qué debo hacer? ¿por dónde debo ir? ¿cómo vendo mi arte? ¿soy buena en esto? ¿soy suficiente? Entonces un día comencé a ver mis fotos, me puse a analizar mi línea de tiempo, con quién había trabajado, en dónde, la edad que tenía, y si, me asombré, es lo único que sé hacer y que, por suerte, me gusta. Así que tomé cartas y sencillamente la respuesta fue, comenzar cómo comencé hace 10 años, ¿cómo llegué aquí? fue gracias al trabajo que hice en todo este tiempo el que me tiene aún vigente, aunque me escoda entre las sábanas.
La edad viene con experiencias, confío ciegamente en los demás, tal vez eso sea mi peor defecto y aunque me ha pasado de todo, sigo en el mismo patrón, intentando ver el lado amable de los demás. Ya no tengo 22, ahora las cosas son diferentes, antes lo creía todo, ahora no me interesa nada, soy esa canción de redención y perdón.
Ahora tengo 29, mis últimos 20’s y he tenido el suficiente tiempo para encontrar piezas que me faltan y otras que ya no podré reparar. En los futuros alternos que inventé cuando la ansiedad se ponía creativa nunca vi este presente, no me ha tomado por sorpresa porque he podido soportarlo. Una década después y aún no logro entender cosas que me han explicado muchas veces, veintitantos repetidos y sigo creyendo que soy la chamaca que se cree especial por escribir todo lo que su cabeza le dicta. A los 25 me rompieron el corazón, a los 27 me diagnosticaron depresión, a los 24 viví en Querétaro con mi hermana y ahí fue donde más desarrollé mi trastorno, a los 26 conocí una forma de amar mi cuerpo, a los 28 me traicionaron de nuevo. Y también hice todo esto a alguien, hice sentir mal a alguien, alguien lloró por mi culpa, le rompí el corazón a alguien, he sido el problema siempre y siempre admitiré la culpa. Es una larga lista para hablar de mis entes.
Aún así, esas memorias siempre me acompañarán.